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Maíz: la EEAOC compartió información para planificar la próxima campaña

03/11/2026
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Publicado en La Gaceta, Sábado 31 de octubre

La preparación de la próxima campaña fue el eje del XXV Taller de Híbridos y Manejo de Maíz, organizado por el Programa Granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). El encuentro propuso una agenda que integró información para brindar herramientas que contribuyan a las decisiones del sector productivo.

Durante la apertura, el director técnico de la EEAOC, Dr. Hernán Salas López, destacó la continuidad de este espacio de intercambio y su importancia para compartir el conocimiento generado por la institución. En ese sentido, señaló que el taller permite presentar los trabajos desarrollados por los equipos técnicos y cumplir con una función central de la Estación: “la transferencia de información hacia el sector productivo”.

Salas López también reconoció la labor del equipo del Programa Granos en investigación y transferencia de tecnología, y agradeció el acompañamiento de la Sociedad Rural de Tucumán y de las empresas que respaldan las actividades institucionales a lo largo del año. En ese sentido, valoró especialmente el esfuerzo que representa sostener esa colaboración en un contexto que presenta dificultades para las empresas ligadas al sector.

Por su parte, el Ing. Augusto Casmuz, coordinador del Programa Granos, presentó los principales ejes de la jornada referidos a los trabajos de la EEAOC vinculadas al maíz y al sorgo. También resaltó la participación de Salvador Prieto Angueira y Carlos Simón, investigadores de INTA y referentes de maíz y sorgo, que fueron invitados a compartir sus experiencias y conocimientos sobre el manejo de ambos cultivos, en un momento clave para la planificación de una nueva campaña.

El programa se estructuró en seis bloques: cinco destinados al maíz y uno al sorgo. En maíz, los contenidos abarcaron la caracterización agroclimática, el comportamiento productivo de los híbridos y su respuesta frente al achaparramiento, el manejo por ambientes, la nutrición, el manejo de malezas, plagas y enfermedades, finalizando con el análisis económico de este cultivo. Para el sorgo, la propuesta se concentró en la genética, el manejo de malezas y plagas, y la presentación de todos aquellos elementos que deben tenerse en cuenta desde la siembra a la cosecha, para para maximizar el rendimiento de este cultivo.

Una campaña con menos calor extremo, lluvias abundantes y menor radiación solar

Las condiciones ambientales de la campaña maicera 2025/26 combinaron una menor frecuencia de temperaturas elevadas, precipitaciones abundantes y una reducción de la radiación solar, particularmente durante el período crítico del cultivo. Así lo explicó el Ing. Martín Leal, integrante de la Sección Agrometeorología de la EEAOC, al presentar un análisis elaborado con información de la red de estaciones meteorológicas de la institución.

En cuanto a las temperaturas extremas, Monte Redondo registró 17 días con máximas superiores a 35 °C, frente a los 45 de la campaña anterior y los 30 del promedio histórico. En Casas Viejas se contabilizaron 23 días por encima de ese umbral, contra 43 del ciclo precedente. Las principales diferencias se observaron durante enero y febrero, especialmente en este último mes.

Lluvias superiores a los valores de referencia

Las precipitaciones acumuladas entre octubre y mayo superaron tanto los promedios de referencia como los registros de la campaña anterior en las localidades analizadas. Sin embargo, su distribución presentó diferencias a lo largo del ciclo.

En Monte Redondo, los acumulados se mantuvieron por debajo del promedio hasta noviembre. A partir de entonces aumentaron de manera sostenida, con un incremento especialmente marcado en marzo: las lluvias superaron los 400 milímetros, un récord para ese mes en la localidad. Al finalizar la campaña, el acumulado se ubicó cerca del doble del registrado en el ciclo anterior y del valor normal de referencia.

En Casas Viejas, las precipitaciones permanecieron por debajo del promedio hasta diciembre. Los aportes de enero y marzo contribuyeron luego a cerrar la campaña con un acumulado ampliamente superior al promedio histórico y al del ciclo precedente.

La radiación solar durante el período crítico

Para cuantificar estas diferencias, el análisis consideró tres fechas de siembra: fines de diciembre, comienzos de enero y mediados de enero. Los resultados mostraron que, en Monte Redondo, la radiación durante el crecimiento vegetativo fue, en promedio, un 5% inferior al valor normal para las tres fechas evaluadas. Durante el período crítico, la reducción osciló entre el 11% y el 16%, según la fecha de siembra.

En Casas Viejas, las diferencias fueron mayores. Durante el crecimiento vegetativo, la radiación se ubicó entre un 9% y un 12% por debajo de los valores normales. En el período crítico, la disminución alcanzó entre el 17% y el 24%.

Perspectivas y seguimiento de la próxima campaña

Los registros históricos de las localidades analizadas mostraron que, bajo la influencia de El Niño, las lluvias superaron los valores normales en más del 60% de los casos, tanto para el trimestre octubre-diciembre como para noviembre-enero. El expositor aclaró que se trata de un antecedente estadístico y destacó la necesidad de seguir los pronósticos y las condiciones meteorológicas a medida que avance la campaña.

El área maicera se recuperó y alcanzó las 92.000 hectáreas

El Ing. Pablo Scandaliaris, de la Sección Sensores Remotos y SIG de la EEAOC, presentó un análisis de la evolución de la superficie cultivada con maíz en Tucumán y del comportamiento de la biomasa durante las últimas cuatro campañas, mediante el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI), obtenido a partir de imágenes satelitales Sentinel-2.

Durante la campaña 2025/26, la superficie sembrada con maíz alcanzó aproximadamente 92.000 hectáreas. Burruyacú concentró el 53% del área cultivada, seguido por Leales (17%) y Graneros (14%). Esta cifra reflejó una recuperación respecto de la campaña anterior, cuando la superficie había disminuido considerablemente como consecuencia del impacto del complejo del achaparramiento.

El seguimiento de la biomasa mediante imágenes satelitales

Scandaliaris explicó que el objetivo del trabajo fue evaluar la biomasa del maíz mediante NDVI para disponer de una herramienta que permitiera obtener un diagnóstico visual rápido y anticipado sobre la evolución de las campañas agrícolas.

Se compararon los valores de febrero, marzo y abril de las campañas 2022/23 a 2025/26. Los resultados mostraron diferencias importantes: la campaña 2022/23 presentó bajos niveles de biomasa por efecto de la sequía; en 2023/24 se observó una caída pronunciada asociada al achaparramiento, mientras que 2025/26 registró los mayores valores de NDVI de la serie analizada.

Biomasa y rendimiento no siempre evolucionan de la misma manera

El análisis fue contrastado con los rendimientos relevados por la Sección Economía y Estadísticas de la EEAOC, encontrándose en general una correlación entre los valores de NDVI y los rendimientos promedios finales. Los valores pasaron de 4,3 toneladas por hectárea en 2022/23 a 6,8 toneladas en 2025/26.

Sin embargo, pese a registrar los mayores niveles de biomasa, la última campaña no mostró un incremento proporcional del rendimiento. Esto se vinculó con otros factores, como los ambientales y/o sanitarios que pudieron impactar sobre el rendimiento final del maíz.

Como conclusión, el especialista señaló que el NDVI permite conocer anticipadamente el estado y desarrollo del cultivo, antes de la cosecha, pero no constituye una estimación directa del rendimiento. Su principal utilidad radica en ofrecer información temprana para evaluar la evolución de una campaña, que debe complementarse con otras variables ambientales, sanitarias y agronómicas.

La Red de Macroparcelas evaluó el comportamiento de 22 híbridos en diferentes ambientes del NOA

El Ing. Agr. Nicolás Carabajal, integrante de la Sección Granos de la EEAOC, presentó los resultados de la Red de Macroparcelas de Híbridos Comerciales de Maíz correspondientes a la campaña 2025/26.

La red estuvo integrada por diez macroparcelas distribuidas en nueve localidades, ya que en El Charco se evaluaron dos fechas de siembra. Las implantaciones se realizaron entre el 30 de diciembre y el 30 de enero, observándose un retraso general de las fechas, en comparación a la campaña 2024/25.

Carabajal mencionó que el rendimiento promedio de las macroparcelas de maíz en las últimas campañas estuvieron atravesadas por condiciones muy diferentes: estrés hídrico y térmico en 2022/23; una fuerte incidencia del complejo del achaparramiento en 2023/24; heterogeneidad ambiental y períodos de escasez de agua en 2024/25, y abundantes precipitaciones, alta nubosidad y menor radiación solar durante 2025/26.

En la última campaña, el rendimiento promedio de la red fue de 6.022 kilogramos por hectárea, mientras que la macroparcela de mayor productividad alcanzó los 8.840 kilogramos en la localidad de Mosconi. Un dato destacado fue que los tres ambientes con mejores rendimientos registraron menos de 800 milímetros de lluvia acumulada entre noviembre y abril, a diferencia de otras localidades con muchos mayores aportes de precipitaciones.

Carabajal explicó que una mayor cantidad de precipitaciones no necesariamente se traduce en mejores rendimientos. La combinación de perfiles saturados, elevada humedad relativa, menor heliofanía y baja radiación puede afectar la transpiración de las plantas, la absorción de nutrientes y el funcionamiento general del cultivo. Las condiciones de humedad también pueden favorecer enfermedades foliares y reducir el área disponible para captar radiación.

Diversidad genética y respuesta ambiental

La red evaluó 22 híbridos comerciales: 15 de germoplasma templado, cuatro cruzas y tres tropicales. Esta composición mostró una mayor diversidad genética respecto de campañas anteriores, cuando más del 90% de los materiales participantes eran templados.

En el promedio de los ensayos, los híbridos tropicales presentaron un rendimiento superior al de los templados. Sin embargo, el expositor recomendó interpretar esa diferencia con cautela, debido a la desigual cantidad de materiales incluidos dentro de cada grupo y a la presencia de algunos híbridos templados con menor adaptación a los ambientes regionales.

El análisis también permitió diferenciar entre híbridos estables, menos sensibles a las variaciones ambientales, y materiales adaptables, cuya respuesta aumenta o disminuye con mayor intensidad de acuerdo con la oferta del ambiente. Esta información resulta especialmente útil para seleccionar genética según las condiciones y el nivel productivo de cada establecimiento.

Como conclusión, Carabajal destacó la conveniencia de priorizar la estabilidad de los híbridos y sostener las rotaciones agrícolas. “Apostemos a la estabilidad y a las rotaciones uno a uno; a la larga, el maíz siempre devuelve al sistema”, expresó.

El achaparramiento mostró fuertes diferencias entre ambientes e híbridos

El Ing. Agr. Franco Scalora, integrante de la Sección Granos de la EEAOC, presentó los resultados de un estudio realizado dentro de la Red de Macroparcelas para analizar el comportamiento de los híbridos de maíz frente al complejo del achaparramiento, a partir de la evaluación de la incidencia y severidad de los daños de esta enfermedad sobre las espiga.

Los resultados evidenciaron una marcada variabilidad entre ambientes. Monte Redondo fue el sitio con mayor presión: cerca del 90% de las espigas presentó daños moderados o severos. En esa localidad, la presencia del insecto vector acompañó al cultivo prácticamente durante todo su ciclo y, en determinados momentos, alcanzó niveles similares o superiores a los registrados durante la epifitia de la campaña 2023/24.

También se observaron diferencias importantes entre localidades cercanas. En Chilca y San Ramón, ubicadas en el departamento Burruyacú, se registró una diferencia cercana a 50 puntos porcentuales en los daños, aunque las fechas de siembra estuvieron separadas por unos diez días. Una situación similar se comprobó en El Charco, donde dos macroparcelas implantadas en el mismo lote, con nueve días de diferencia, presentaron niveles distintos de afectación. Estos resultados mostraron que la fecha de siembra puede modificar considerablemente la exposición del cultivo a la enfermedad y por ende el comportamiento del hibrido.

En el sur, Los Altos registró alrededor de un 50% de espigas con daños moderados y severos, mientras que en Frías el valor se aproximó al 60%. En contraste, Las Lajitas, Arenales y Nueva Esperanza presentaron los menores niveles de afectación, con menos del 15% de daños moderados y severos.

Diferencias entre materiales genéticos

La evaluación de los 22 híbridos incluidos en la red confirmó una amplia variabilidad genética frente al achaparramiento. Algunos materiales presentaron alrededor de un 5% de daños moderados y severos en el promedio de los ambientes, mientras que otros superaron el 50%, pese a haber sido evaluados en los mismos sitios.

Entre los materiales destacados, MG 593 registró aproximadamente un 5% de afectación promedio. Asimismo, materiales como LG 36538 y SYN 505 se mantuvieron por debajo del nivel de daño promedio del ambiente en todos los sitios evaluados. DK 7702 mostró ese mismo comportamiento en nueve de los diez ambientes considerados.

En las localidades con mayor presión de la enfermedad se observó una relación negativa muy marcada entre daño y productividad: a medida que aumentó el porcentaje de espigas afectadas, disminuyó el rendimiento de los híbridos. En los ambientes con baja presión, esa relación fue menos pronunciada y cobraron mayor importancia otros factores agronómicos y ambientales.

El peso del grano, el componente más afectado

Uno de los principales resultados fue que el achaparramiento incidió con mayor intensidad sobre el peso de los granos que sobre su número. En las espigas con daños leves y moderados, la reducción del número de granos fue inferior al 5%; en las severamente afectadas, se mantuvo por debajo del 10%.

La disminución del peso fue considerablemente mayor. Las espigas con daño moderado perdieron alrededor del 35% del peso de mil semillas, mientras que en aquellas con síntomas severos la pérdida alcanzó aproximadamente el 60%. Scalora aclaró que las muestras fueron trilladas manualmente y que, en condiciones de cosecha mecánica, parte de los granos provenientes de espigas severamente dañadas podría no separarse de la mazorca, aumentando las pérdidas efectivas.

Como conclusión, el estudio determinó que la cantidad de espigas afectadas, la severidad de sus síntomas y el peso de mil semillas fueron los factores que más incidieron sobre la pérdida potencial de rendimiento. Los resultados también confirmaron la importancia de seleccionar híbridos con mejor comportamiento frente al complejo y que existe gran variabilidad entre los ambientes.

Nutrición y densidad, dos decisiones clave para reducir las brechas de rendimiento

El Ing. Agr. Gonzalo Robledo, de la Sección Suelos de la EEAOC, analizó la interacción entre la nutrición y la densidad de siembra y su incidencia sobre las brechas de rendimiento del maíz. Los resultados mostraron que aumentar el número de plantas puede elevar el potencial productivo, pero también incrementa la demanda de nutrientes y exige ajustar la estrategia de fertilización.

En la mayoría de los lotes relevados, el contenido de materia orgánica se ubicó entre 1,5% y 2%. Al comparar suelos cultivados con ambientes de monte, diferentes estudios registran pérdidas de materia orgánica del orden del 25% al 30% y reducciones de hasta un 70% en los niveles de fósforo.

Uno de los ensayos se realizó en la Subestación Monte Redondo, con el híbrido DK 7220 y dos densidades: 45.800 y 62.100 plantas por hectárea. Se evaluaron siete tratamientos, desde un testigo sin fertilización hasta esquemas que combinaron fósforo, azufre, nitrógeno, un fertilizante arrancador y zinc como micronutriente.

Los resultados evidenciaron que la respuesta a la fertilización fue mayor cuando aumentó la cantidad de plantas. En la menor densidad, la diferencia de rendimiento entre el testigo y el tratamiento completo con fósforo, azufre y nitrógeno fue del 14%.

En la mayor densidad, en cambio, la brecha alcanzó el 34%. De esta manera, el ensayo mostró que, al incrementarse la población de plantas, los nutrientes disponibles en el suelo dejaron de ser suficientes para sostener la demanda del cultivo.

En un segundo ambiente se trabajó con densidades de 56.600, 65.700 y 73.000 plantas por hectárea, combinando con dosis de 0, 60, 90 y 120 kilos de nitrógeno por hectárea utilizando el mismo hibrido de maíz. Un tercio del fertilizante se aplicó durante la siembra y el resto entre los estadios V5 y V6.

La combinación de 73.000 plantas por hectárea con 90 kilos de N produjo el mayor rendimiento del ensayo. Frente al tratamiento de menor densidad sin fertilización, la diferencia fue del 27%, equivalente a unos 2.300 kilos por hectárea.

Robledo señaló, que densidad y fertilización no pueden analizarse de manera aislada. Una mayor cantidad de plantas puede contribuir a cerrar las brechas de rendimiento, pero esa decisión debe estar acompañada por un diagnóstico de suelo y una nutrición equilibrada. El desafío, concluyó Robledo, consiste en ajustar ambas variables a las características de cada ambiente para mejorar la productividad y utilizar los nutrientes con mayor eficiencia.

Sanidad del maíz: principales enfermedades detectadas y resultados de las estrategias de control

Enfermedades foliares detectadas

La mancha por Curvularia fue la enfermedad de mayor importancia durante la campaña 2025/2026, tanto por su distribución como por los niveles de severidad alcanzados en algunos ambientes de la provincia de Tucumán y áreas de influencia. Así lo señaló la ingeniera agrónoma Catalina Aguaysol de la Sección Fitopatología de la EEAOC, al presentar los resultados del relevamiento de enfermedades.

La Ing Agr. Catalina Aguaysol explicó que se evaluaron los híbridos comerciales sembrados en cuatro ensayos de macroparcelas ubicados en: Overo Pozo, provincia de Tucumán, Arenales y El Charco en Santiago del Estero y Los Altos en la provincia de Catamarca.

La mancha por Curvularia, causada por Curvularia lunata, estuvo presente en las cuatro macroparcelas evaluadas. Durante las evaluaciones se observó su aparición en etapas vegetativas con un incremento de severidad hacia los estadios reproductivos. Los valores máximos de severidad promedio registrados fueron de un 13% en Overo Pozo, 9% en Arenales y El Charco. En cambio, en Los Altos, se registraron los mayores valores promedio alcanzando en algunos materiales hasta un 70% de severidad, lo que evidenció diferencias importantes entre ambientes.

También se detectaron enfermedades como el tizón foliar del maíz, mancha blanca, mancha por Bipolaris y mancha por Cercospora.

El tizón presentó una distribución generalizada, presentando niveles muy bajos en Overo Pozo (<1%) y una severidad promedio máxima del 17% en Los Altos.

La mancha por Bipolaris se presentó con niveles de severidad promedio máximo de 7% en Overo Pozo y 9% en Los Altos. Finalmente, la mancha blanca y la mancha por Cercospora se concentraron principalmente en este último ambiente.

Finalmente, la Ing. Agr. Mgtr. Aguaysol remarcó la necesidad de realizar una correcta identificación de las enfermedades foliares, sugiriendo que, ante cualquier síntoma dudoso, el diagnóstico se complete mediante análisis de laboratorio.

Granos y tallos: no alcanza con observar el daño

Las evaluaciones también incluyeron la sanidad de los granos, mediante observación visual, registrándose un máximos del 5% en peso de granos dañados asociados a Fusarium verticillioides en Overo Pozo y del 1% para Fusarium graminearum en Los Altos. Sin embargo, en las siembras de los granos de maíz en medios de cultivo artificial se detectó una mayor presencia de estos patógenos: la incidencia promedio de F. verticillioides alcanzó el 42% en Arenales y la de F. graminearum, el 17% en Los Altos. Ambas determinaciones miden aspectos diferentes: una cuantifica el daño visible y la otra detecta la presencia del hongo. Por eso, un bajo porcentaje de granos visiblemente dañados no necesariamente significa una baja presencia de patógenos.

En las evaluaciones de tallos debilitados o quebrados se detectaron patógenos, principalmente especies de Fusarium sp. y muy baja incidencia de otros como Macrophomina phaseolina y Stenocarpella maydis. No obstante, algunos tallos afectados no presentaron patógenos. La especialista señaló que estos problemas no deben atribuirse exclusivamente a enfermedades, ya que también intervienen otros factores fisiológicos y ambientales.

Fungicidas: control sanitario y respuesta productiva

El Ing. Exequiel Nieva comentó que el 72% de los productores encuestados según la Sección Economía y Estadísticas, no aplicó fungicidas durante la campaña 2025/2026. Entre quienes sí lo hicieron, predominó una sola aplicación en R1, con mezclas de estrobilurinas + triazoles.

Los estudios de laboratorio mostraron diferencias de sensibilidad entre aislamientos de Curvularia lunata. La mezcla triple, integrada por una estrobilurina, un triazol y una carboxamida, fue clasificada como moderadamente eficiente. Las mezclas dobles evaluadas (estrobilurina + triazol), en cambio, presentaron una eficacia diferente según el aislamiento evaluado.

Los ensayos realizados a campo se llevaron a cabo en dos localidades. En San Agustín, Cruz Alta, Tucumán, el ensayo se aplicó en estadio fenológico R1. En este ensayo, todos los tratamientos redujeron significativamente la severidad de la mancha por Curvularia: del 4,6% observado en el testigo sin fungicida a valores de entre 0,65% y 2%. Los tratamientos también disminuyeron los valores de severidad de mancha por Bipolaris, destacándose las mezclas que contenían carboxamidas con los mayores valores de control.

En Rapelli, Santiago del Estero, el ensayo se aplicó con dron en R2. Allí, el testigo presentó un 21% de severidad de mancha por Curvularia, y todos los tratamientos evaluados redujeron significativamente la severidad de la enfermedad. El mejor tratamiento, una mezcla de estrobilurina + triazol + carboxamida, registró una severidad 0,8%. En este ensayo, el testigo rindió 9.254 kilos por hectárea y los tratamientos con fungicidas alcanzaron valores de entre 9.423 y 9.638 kilos. Las diferencias productivas positivas fueron de entre 169 y 384 kilos por hectárea respecto al testigo.

Maíces guachos: controlar el puente verde y preservar las opciones de siembra

El control de los maíces guachos debe planificarse considerando tanto el riesgo sanitario que representan como el cultivo que se pretende sembrar después. La elección de un herbicida residual puede ayudar a sostener el lote libre de nuevas emergencias, pero también limitar las alternativas de siembra. Ese fue el eje de la exposición del Lic. Sebastián Sabaté, de la Sección Manejo de Malezas de la EEAOC, durante el XXV Taller de Híbridos y Manejo de Maíz.

Conocer la historia del lote antes de elegir el control

Sabaté destacó que el primer paso para manejar los maíces guachos es conocer las tecnologías de los híbridos sembrados previamente. La tolerancia a determinados herbicidas se mantiene en las plantas voluntarias y condiciona las herramientas que pueden utilizarse para eliminarlas. Por eso, llamó a prestar especial atención a los materiales con tolerancia a herbicidas del grupo de los FOP y a los que incorporan tolerancia a glufosinato. Por esta razón, en el control postemergente predomina el uso de cletodim. Sin embargo, advirtió sobre la reiteración de una misma herramienta ya que al controlar el maíz guacho también se actúa sobre las demás malezas del lote, por lo que la presión de selección alcanza al conjunto de especies presentes.

Residuales: duración del control y restricciones para la rotación

Entre las herramientas residuales, Sabaté destacó a los inhibidores de la ALS. Mencionó a sulfometurón + clorimurón, y diclosulam entre las alternativas evaluadas para el manejo de maíz guacho, aunque aclaró que presentan diferencias en la duración del control y en las posibilidades de siembra posterior. La primera mostró el período de control más prolongado, sin embargo, su utilización condiciona la siembra posterior a una soja con tecnología STS. Diclosulam ofrece mayor flexibilidad dentro de las alternativas de soja, al no exigir esa tecnología específica, pero también requiere considerar las restricciones para los cultivos siguientes. El especialista insistió en que el plan de siembra debe definirse antes de seleccionar el residual. Advirtió particularmente sobre el uso de estas herramientas cuando se contempla sembrar poroto o incorporar colza en la rotación de invierno. En este sentido, señaló la importancia de combinar estratégicamente controles postemergentes con alternativas residuales.

Controlar temprano para proteger el rendimiento

Al abordar el manejo general de malezas, Sabaté observó que continúa predominando el uso de herramientas tradicionales, como atrazina y acetoclor. Planteó la conveniencia de evaluar mezclas modernas con mayor estabilidad para ambientes con abundantes precipitaciones y con un espectro de control adecuado a las especies presentes. El avance del pasto cubano es un ejemplo de la necesidad de revisar los esquemas habituales. Para esta maleza, señaló limitaciones de atrazina y terbutilazina y mencionó otras alternativas que se vienen considerando, entre ellas amicarbazone, biciclopirona, e isoxaflutole + thiencarbazone. También hizo hincapié en evitar las aplicaciones tardías. La competencia de las malezas durante las primeras etapas del maíz puede afectar su potencial de rendimiento, aun cuando posteriormente se logre un buen control. Por lo tanto, el resultado no depende solamente de eliminar la maleza, sino de hacerlo antes de que esa interferencia comprometa al cultivo.

Economía del maíz: resultados favorables, con costos que exigen sostener los rendimientos

La campaña maicera 2025/2026 presentó un resultado económico favorable en el escenario promedio analizado por la EEAOC, aunque con diferencias importantes entre la producción en tierra propia y bajo arrendamiento. Con un rendimiento de referencia de 6,8 toneladas por hectárea, el cultivo superó los niveles necesarios para cubrir los costos considerados: 4,8 toneladas en tierra propia y seis toneladas en campos arrendados.

Estos resultados fueron presentados por la Ing. Agr. Daniela Pérez, de la Sección Economía y Estadística, durante el XXV Taller de Híbridos y Manejo de Maíz. La especialista expuso información de la Encuesta de Maíz de la EEAOC  (EME) 2026 y estimaciones económicas para la campaña 2026/2027, con énfasis en la relación entre costos, productividad y riesgo.

La encuesta como referencia del manejo productivo

En Tucumán, el relevamiento abarcó casi 42.000 hectáreas, equivalentes al 46% de la superficie sembrada con maíz. También incorporó información de Santiago del Estero, Catamarca y Salta, lo que permitió caracterizar distintas situaciones productivas de la región.

Entre los datos de manejo, se destacó una mayor participación de híbridos templados por tropicales, que representaron el 48%, frente al predominio de materiales templados observado en campañas anteriores. La sanidad fue el principal criterio de selección.

Cuánto fue necesario producir para cubrir los gastos

A partir de la información relevada y de un planteo técnico de referencia, la EEAOC estimó un costo de 541 dólares por hectárea. Ese valor incluyó semillas, fertilizantes, productos para el manejo de malezas y plagas, y labores de siembra, aplicaciones y cosecha.

Para calcular el rendimiento de indiferencia se consideró un precio del maíz de 184 dólares por tonelada, correspondiente al promedio de junio a septiembre utilizado en la exposición, y un flete de 52 dólares por tonelada. Bajo esos supuestos, fueron necesarias 4,1 toneladas por hectárea para cubrir el gasto de barbecho a cosecha.

Al incorporar 100 dólares por hectárea de administración y estructura, el rendimiento requerido se elevó a 4,8 toneladas. Para el planteo arrendado, con un alquiler equivalente al 18% del rendimiento, alcanzó las seis toneladas.

La especialista aclaró que se trata de un análisis sobre valores promedio: los resultados particulares dependen de los rendimientos, gastos y condiciones comerciales de cada establecimiento.

Escenarios para la campaña 2026/2027

Para la nueva campaña, la EEAOC evaluó distintas combinaciones de manejo, con costos de barbecho a cosecha de entre 360 y 636 dólares por hectárea.

El extremo inferior correspondió a una situación de baja presión de malezas y plagas y sin necesidad de fertilización en el planteo considerado. El superior incorporó mayores gastos de control de insectos y aportes de nitrógeno y fósforo asociados a un objetivo de 6,5 toneladas por hectárea en un suelo con aproximadamente un 2% de materia orgánica. Por lo tanto, los valores representan ambientes y necesidades diferentes.

El cálculo para 2026/2027 utilizó una cotización futura de 196 dólares por tonelada para julio de 2027 y un flete de 53 dólares por tonelada. Se trata de referencias empleadas al momento de la presentación, no de precios asegurados para la cosecha.

Con esos supuestos, el rendimiento de indiferencia osciló entre 2,5 y 4,4 toneladas por hectárea para cubrir exclusivamente el gasto de barbecho a cosecha. Al sumar administración y estructura, el rango pasó a 3,2–5,1 toneladas. Con arrendamiento incluido, los valores presentados se ubicaron entre 4,4 y 6,3 toneladas por hectárea.

Pérez remarcó que la planificación debe integrar el potencial de cada ambiente, los costos y los riesgos. También propuso evaluar al maíz dentro de la rotación, considerando su aporte al desempeño de la soja posterior y los efectos de la fertilización sobre el sistema. La decisión económica, sostuvo, requiere mirar más allá del resultado aislado de una campaña.

Panel sobre el cultivo de maíz e intercambio con los asistentes

La mesa panel, integrada por Salvador Prieto Angueira (INTA – Santiago del Estero), Franco Scalora, Gonzalo Robledo, Catalina Aguaysol, Nicolás Campero y moderada por Alejandro Vera, permitió integrar los resultados presentados durante el taller y profundizar en las principales decisiones de manejo que condicionan el rendimiento del maíz, especialmente frente a la variabilidad climática, la presión de plagas y enfermedades y las necesidades nutricionales del cultivo.

Entre las principales conclusiones, se destacó que:

  • La fecha de siembra debe definirse principalmente por criterios agronómicos. Adelantar o retrasar la siembra para evitar el complejo de achaparramiento no garantiza mejores resultados. Es fundamental considerar las temperaturas, la disponibilidad hídrica, el período crítico del cultivo y la presión del vector. Se remarcó que incluso diferencias de pocos días entre fechas de siembra pueden modificar considerablemente la severidad de la enfermedad y el impacto en el rendimiento.
  • Una buena disponibilidad de agua no garantiza altos rendimientos. Es necesario acompañar las condiciones ambientales favorables con decisiones adecuadas de nutrición, densidad de plantas y manejo sanitario. En campañas lluviosas, el fraccionamiento de la fertilización nitrogenada permite reducir riesgos de pérdidas y mejorar su aprovechamiento. También se destacó la importancia del fósforo, azufre y micronutrientes entre ellos el Zinc.
  • La presencia por si sola de Dalbulus maidis no implica necesariamente realizar aplicaciones de insecticidas. Los resultados experimentales mostraron que, en híbridos con mayor tolerancia y niveles poblacionales bajos, puede evitarse las intervenciones químicas recurrentes. El monitoreo resulta fundamental para definir el momento de control y seleccionar estrategias adecuadas.
  • El manejo de Spodoptera frugiperda requiere especial atención frente al cambio de susceptibilidad a la proteína Vip3aa20. Se advirtió sobre el incremento de su incidencia en la campaña actual en Argentina y la importancia de intervenir oportunamente, considerando la incidencia de la plaga y las condiciones ambientales de la campaña.
  • Las aplicaciones de fungicidas deben sustentarse en diagnósticos y resultados experimentales. Se planteó que la respuesta a estos tratamientos puede ser variable y que es necesario profundizar las investigaciones para identificar en qué situaciones generan beneficios productivos.
  • La logística también condiciona los resultados. Las dificultades para ingresar a los lotes durante períodos lluviosos pueden limitar la realización oportuna de siembras, fertilizaciones y aplicaciones, incluso cuando existe una planificación agronómica adecuada.

Como conclusión general, los especialistas coincidieron en que mejorar la productividad del maíz requiere integrar genética, ambiente, nutrición y sanidad, evitando decisiones basadas en un único factor. Se destacó la necesidad de continuar generando información experimental, fortalecer el monitoreo y avanzar hacia estrategias de manejo específicas para cada ambiente, que permitan mejorar la eficiencia y reducir riesgos productivos.

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